La soberanía nacional, el antiimperialismo y la solidaridad internacional de la izquierda son las tres falacias principales empleadas por el régimen para desvirtuar y ocultar la realidad por medio de las palabras. Tres falacias que ponen al descubierto tres de tipos de incongruencia por parte de quienes las utilizan y que dan lugar a tres modos de perplejidad y a una misma forma de asombro.

El régimen suele utilizar tres argumentos para investirse de autoridad moral, conseguir apoyo internacional y desacreditar las acciones de sus adversarios. Sin embargo, los tres argumentos empleado por el régimen no son sino falacias que, por una parte, ocultan la realidad y tergiversan los hechos y, por la otra, exponen la duplicidad de quienes las usan. Estos tres argumentos constituyen tres formas de engaño que dan lugar a un mismo resultado: el beneficio propio sin consideración alguna de la necesidad del resto.

La fingida defensa de la soberanía nacional

La falacia de la soberanía nacional: Las acciones y las medidas implementadas por las naciones que apoyan la causa de la democracia en nuestro país atentan contra la soberanía nacional.

La duplicidad del régimen: La soberanía de Venezuela ha sido lesionada de manera constante bajo el auspicio del propio régimen. Venezuela ha sido víctima, por muchos años, de una injerencia permanente y de una intervención sistemática extranjera, inducidas por el propio gobierno. La sociedad venezolana ha perdido la soberanía de la nación de la mano del régimen, la intervención del Gobierno cubano, las fuerzas paramilitares extranjeras y los carteles de la droga. Venezuela padece una intervención silenciosa consentida.

El respeto al principio de autodeterminación (la facultad de autodeterminarse políticamente) al que el régimen apela ante la comunidad internacional es el mismo que le ha arrebatado a la sociedad venezolana. El régimen demanda afuera lo que niega adentro y lo hace con el objeto de consumar dicha negación; exige, para sí, el uso de un derecho para impedir que el resto del país pueda hacer uso de ese mismo derecho.

La deconstrucción de la falacia: Las naciones que defienden la causa democrática en nuestro país no lesionan la soberanía de la nación ni pretenden hacerlo. Las naciones aliadas a la sociedad venezolana hacen e intentan hacer justamente lo contrario: buscan restituir la soberanía perdida a la nación, pretenden devolver la soberanía a la sociedad venezolana.

La perplejidad: ¿Por qué quienes se oponen a una virtual intervención humanitaria en el país no se han pronunciado sobre la intervención política y militar que ya somete a nuestra nación? ¿Por qué quienes se observan tan alterados por una virtual lesión a la soberanía nacional no se inmutan en lo más mínimo ante la pérdida de la soberanía de nuestro país de manos del Gobierno cubano, los grupos paramilitares y los carteles de la droga? ¿Por qué no levantan sus voces ante el secuestro de la soberanía popular por parte del régimen?

El doble estándar antiimperialista

La falacia antiimperialista: Los actos ejecutados por la comunidad internacional conducentes a aminorar la tragedia humanitaria y a restituir el orden constitucional en el país constituyen odiosas agresiones injerencistas y desleales intervenciones imperialistas.

La duplicidad del régimen: El socialismo es internacionalista por naturaleza (aspira construir un mundo no capitalista y, para llevarlo a cabo, debe promover la causa socialista más allá de las fronteras nacionales). El socialismo es un movimiento político intrínsecamente expansionista e intervencionista y lo que dentro de sus filas recibe el nombre de internacionalismo fuera de ellas es anatematizado como intervencionismo.

Los furibundos adversarios del imperialismo, por otra parte, sólo ven agresiones injerencistas e intervenciones colonialistas en las acciones y en la política exterior norteamericana. Ni la historia ni el presente crudamente imperialista de dos de los más grandes y tradicionales imperios en la historia de la humanidad (Rusia y China) parecen ser dignos de mención para ellos. El antiimperialismo del régimen es un antiimperialismo moralmente miope: con un punto moral ciego tan grande y evidente como para no dejar de ser sospechoso o, incluso, no dejar de parecer insincero.

La deconstrucción de la falacia: Los gobiernos aliados de Venezuela (EE UU, UE, Brasil, Colombia, etc.) no están llevando a cabo una acción imperial colonialista, no están ejecutando una acción imperialista de dominación. Los gobiernos aliados están haciendo justamente lo contrario: socorren al país en la restitución de su soberanía. Los gobiernos aliados de Venezuela están colaborando con el pueblo venezolano y con las instituciones legítimas del Estado venezolano en la restauración de la democracia y en el restablecimiento del orden constitucional.

La perplejidad: ¿Por qué los antiimperialistas de oficio no hacen ninguna mención a las acciones y a las políticas imperialistas de países como Rusia o China? Imperialismo ruso y chino, ¿sí?

La sospechosa solidaridad internacional de la izquierda

La falacia de la solidaridad internacional de la izquierda: La izquierda democrática internacional debe ser solidaria y apoyar incondicionalmente al régimen en virtud de su parentesco ideológico.

La duplicidad del régimen: El régimen demanda la solidaridad de la izquierda democrática internacional sobre la base de la afinidad ideológica, una afinidad con la que, en la práctica, el propio régimen ha roto en su incongruente ejercicio del poder. El régimen le pide a la izquierda democrática internacional que lo apoye y se comprometa con él en virtud de unos ideales y unos valores con los que él mismo ya no está comprometido y constituye, el día de hoy, el principal obstáculo en su consecución.

La deconstrucción de la falacia: La izquierda democrática internacional debe ser solidaria y comprometerse con sus propios valores e ideales (valores e ideales sociales y democráticos). El régimen constituye una bárbara degeneración de los ideales socialistas (una tiranía narco-comunista), ajena a los principios de la izquierda democrática. El apoyo al régimen por parte de la izquierda democrática internacional no constituye un acto de consistencia ideológica; es un acto de incongruencia con sus nobles valores y justos ideales, de claudicación a lo mejor de sí misma.

El apoyo que algunos sectores de la izquierda democrática internacional le han brindado al régimen no expresa la solidaridad de los pueblos mundo con el pueblo de Venezuela; sólo expone la complicidad interesada de unas camarillas de partidos con una elite corrupta y opresora. La izquierda democrática internacional tiene un serio desafío ante sí: auspiciar al victimario en su agresión (el régimen) o ponerse del lado de la víctima agredida (la sociedad venezolana); defender al poder establecido o continuar su lucha a favor de la democracia, los derechos humanos, el Estado de derecho y la justicia social.

La perplejidad: ¿Por qué la izquierda democrática internacional, en lugar de solidarizarse con las víctimas y los oprimidos de nuestro país, se compromete con el perverso agresor? ¿Por qué la izquierda democrática internacional, en lugar de ser fiel a sus ideales y principios, ofrece su apoyo a un régimen que constituye la negación más absoluta de dichos ideales y principios?

La soberanía nacional, el antiimperialismo y la solidaridad internacional de la izquierda son las tres falacias principales empleadas por el régimen para desvirtuar y ocultar la realidad por medio de las palabras. Tres falacias que ponen al descubierto tres de tipos de incongruencia por parte de quienes las utilizan y que dan lugar a tres modos de perplejidad y a una misma forma de asombro: el desconcierto ante toda la pobreza y toda la ruindad humana que pueden esconder tras de sí las nobles palabras.

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